miércoles, 4 de marzo de 2015

Con el Dios escondido


 
 
Joe Bowler
 
 
Una mujer y un hombre arden en silencio.
¿Qué hacemos tú y yo
aquí, en esta penumbra?
 
Tú escuchas mi silencio
y yo escucho el tuyo,
y hasta parece que hemos olvidado
ese otro silencio de este lugar sagrado
por el que aquí estamos, en principio,
sin saber para qué.
Acaso sea por esta ignorancia
por la que decidimos ir cerrando los labios,
y cerramos los ojos como si
nada nos importaran nuestras vidas ni el mundo.
 
Una mujer y un hombre arden en su silencio,
buscan en su interior
lo que no encuentran fuera:
¿el escondido dios, el dios desconocido,
ese ser, o ese espíritu o silencio,
que calla más que nadie desde hace muchos siglos?
¿O nos habla temblando en la llama del ara?
 
Y, sin embargo, hay entre tú y yo
una gozosa atmósfera,
pues algo viene y va entre nuestros cuerpos,
de tu mente a mi mente,
de tus ojos cerrados a mis ojos cerrados,
de tu silencio a mi silencio.
 
Acaso lo que fluya de manera tan dulce
sea ese otro silencio
del dios desconocido que se esconde,
mas que, a la vez (¡qué cierto!), nos envuelve
como fuego, pues va y viene como música,
nos recuerda y nos prueba
que estar contigo aquí,
que vivir, simplemente, es un milagro.
 
Antonio Colinas


Simplemente exquisito.



 

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