martes, 3 de mayo de 2011

Aprendiendo a comer: la lactancia en el Arte I

 
 
 Maternidad. Vicente Romero (s. XXI. España)


Maternidad. Juan Miró (s. XX. Surrealismo. España)


Virgen y ángeles. Joaquín  Michavila (s. XXI. España)


Maternidad. Tamara de Lempicka (s. XX. Art Decó. Polonia)


Louise amamanta a su hijo. Mary Cassat (s. XIX. Impresionismo. Norteamérica)


Maternidad. Mary Cassat

 
Maternidad. Carl Vilhelm Holsoe (s. XIX. Escuela Danesa)


Vinculación. Han Wu Shen (s. XXI. Nuevo Realismo. China)


 Matenidad. Paul Gauguin (s. XX. Postimpresionismo. Francia)


Hortensia amamantando a Pablo. Paul Cézanne (s. XX. Postimpresionismo. Francia)


 Maternidad. Pierre-Auguste Renoir (s. XIX. Impresionismo. Francia)


 Las edades del obrero. León Frédérick (s. XIX-XX. Simbolismo. Bélgica)

 
Joven madre. Émile Lévy (s. XIX. Academicismo. Francia)


 Madre con niño. Pieter de Grebber (s. XVII. Barroco. Holanda)


La joven madre. Gerrit Dou (s. XVII. Barroco. Holanda)


 La Sagrada Familia. El Greco (s. XVI. Renacimiento- Manierismo. España)


 Virgen con el niño. Gérard David (s. XV. Gótico. Pintura flamenca)

 
Virgen con el niño. Leonardo da Vinci (s. XVI. Cinquecento. Italia)


Virgen de la leche, Escuela italiana del s. XVII


 Virgen de la leche. José Camarón Boronat (s. XVIII. España)
 

 Virgen del cojín verde. Andrea Solario (s. XV. Renacimiento. Italia)
 

 Virgen de la leche. Bartolomé Bermejo (s. XV. Gótico. España)

 
 Virgen de la leche. Ramón Mur (s. XV. Gótico Internacional. España)
 

 Isis amamantando a Horus. Egipto


Lactancia (Babilonia. 6000 a. C.)


Dedicado a todas las madres.


"El niño reconoce a la madre por la sonrisa".

León Tolstoi





 

viernes, 15 de abril de 2011

Té y Literatura





Té con scones. Daniel Tennant



Fragmentos de dos obras con mucho encanto:


Todas las tardes eran iguales: después de cantar,
su madre preparaba el té. Y su padre tocaba.
La Sonata n.º 7 de Beethoven, los Pensamientos poéticos
de Liszt, la Pavana para una infanta difunta de
Ravel.
Cecile dejaba su dibujo. Se sentaba a la mesa.
Esperaba la taza caliente. Ella tenía una pequeñita.
Sus padres, una grande con dibujos de pájaros
desconocidos.
Todas las tardes eran iguales. Su madre servía
el té y luego quebraba con sus manos una rama de
canela y ponía un trocito en cada taza.
Cecile Goldberg tenía tres años. No sabía lo
que era el dolor. No sabía lo que era la infelicidad.
Creía que el mundo era aquello: música, amor,
una taza de té y una barrita de canela.


José Carlos Carmona, “Sabor a canela”



Ceremonia del té. Dinastía Tang


La primera taza acaricia mi garganta y mis secos labios.

La segunda rompe los muros de mi solitaria tristeza.

La tercera busca los secos arroyos de mi alma 
para encontrar los cuentos de los cinco mil rollos.

Con la cuarta, el dolor de las injusticias pasadas 
desaparece a través de mis poros.

La quinta purifica mi carne y mis huesos.

Con la sexta entro en contacto con los inmortales.

La séptima me proporciona un placer tal,
que casi es insoportable.

El viento fresco sopla a través de mis alas,
mientras me encamino hacia Penglai. 


Lu Tong (795-853) poeta de la dinastía Tang






domingo, 3 de abril de 2011

El café inspirador




La tazza di ambra. Lucio Frizzotti


El café ha servido como fuente de inspiración para muchos escritores y músicos:

Charles Maurice de Talleyrand, político francés, decía: 

“El café ha de ser negro como el diablo, caliente como el infierno y aromático como una mujer".

Voltaire, que vivió 82 años y tomaba entre 30 a 72 tazas diarias de café, manifestó:

"Claro que el café es un veneno lento, hace 40 años que lo tomo".

El escritor cubano José Martí apunta:

“El café me enardece, me alegra, es fuego suave sin llama y me acelera toda la sangre de mis venas”.

Es conocido que Honorato de Balzac no podía escribir si en su mesa faltaba una taza de café bien cargado. Su adicción al café fue notoria. Se solía acostar a las seis de la tarde, siendo despertado por una criada justo a medianoche; inmediatamente se vestía con ropas de monje (una túnica blanca de cachemira) y se ponía a escribir ininterrumpidamente de doce a dieciocho horas seguidas, siempre a mano su cafetera de porcelana. Durante todo ese tiempo no paraba de consumir taza tras taza, lo que, en su opinión, no sólo le mantenía despierto y despejado, sino que le inspiraba a escribir. Parece ser que “La Comedia Humana” (su mejor obra literaria) descansa sobre 50,000 tazas de café bien caliente. Solía recorrer la ciudad de París para encontrar el mejor producto. Antes de morir, Balzac escribió el ensayo "Los placeres y los dolores de café", donde explica los efectos que le producía: 
"Este café cae en el estómago. A partir de ese momento, todo se agita. Las ideas rápidas se ponen en marcha como los batallones de un gran ejército, una batalla se abre y concluye con el polvo negro".
También músicos como Mozart, que gustaba sobre todo del café con leche, lo utilizaron para componer y permanecer despiertos. Parece ser que fue compañero indispensable la noche que compuso la Obertura de la ópera de Don Giovanni, reclamando a su esposa Constance "una jarra llena de café".

El majestuoso Beethoven antes de componer, seleccionaba pacientemente y exactamente los sesenta mejores granos por taza de café que tomaba. Desde luego, un café fuerte.

La última frase de Juan Sebastián Bach en su Cantata dedicada al delicioso café, dice:

“Ningún beso, ningún vino embriaga tanto como el café”.

Por último, este hermoso poema:

Esta es la bebida al poeta tan cara,
Ignorada de Virgilio y que Voltaire adoraba,
Y creo, con el genio que el despertar provoca,
Que estoy bebiendo un rayo de sol en cada gota.

(Jacques Delille)





lunes, 7 de marzo de 2011

En torno a un café en el Arte IV




En el café,
Ricardo Sanz (s. XXI. España)



Después del desayuno. Ricardo Sanz (s. XXI. España)



Ricardo Sanz (s. XXI. España)



A la mesa del café. Edvard Munch (s. XX. Expresionismo. Noruega)



Café y comunicación. Tomasa Martín (s. XXI. España)


 
Vaso de cristal con cafetera. Jean Baptiste Siméon Chardin (s. XVIII. Barroco. Francia)
 


La cafetera. Henri de Toulouse Lautrec (s. XX. Postimpresionismo. Francia)



El paquete de café. Juan Gris (s. XX. Cubismo. España)



Naturaleza muerta con desayuno. Thomas H. Hope (s. XIX. Norteamérica)


 
Bodegón con café. Camille Pissarro (s. XIX. Postimpresionismo. Francia)



Taza de café. James Neil (s. XXI. Realismo. Norteamérica)



Abuelo con una taza de café. Albert Anker (s. XIX. Realismo. Suiza)



Bodegón con servicio de café. Albert Anker
 
 



viernes, 18 de febrero de 2011

En torno a un café en el Arte III




Cafetera con frutas. Pablo Picasso (s. XX. España)



Laurette con una taza de café. Henri Matisse (s. XX. Fauvismo. Francia)



La autómata. Edward Hopper (s. XX. Realismo contemporáneo. EEUU, Norteamérica)



Azul por la mañana. Evgeniy Monahov (s. XXI. Rusia)



Diciembre. Karen Hollingsworth (s. XXI. EEUU, Norteamérica)



Silla verde. Jeffrey T. Larson (s. XXI. Estados Unidos, Norteamérica)



Gürbüz Dogan Eksioglu (s. XXI. Ilustración. Turquía)



Interior de la casa de campo. Berthe Morissot (s. XIX. Impresionismo. Francia)



Momentos V. Aldo Balding (s. XXI. Mares del Sur, reside en Francia)


Pintor figurativo, importante retratista, muchas de sus figuras se representan de espaldas: "Cuando una persona está de frente, es un retrato, y la mística se ha ido", explica Aldo.



 Valeria Kotsavera (s. XXI. Rusia)



 Valeria Kotsavera (s. XXI. Rusia)



Alguien dijo adios. Shwan Zents (s. XXI. Estados Unidos, Norteamérica)



Mesa del café. John Yardley (s. XXI. Acuarela. Inglaterra)



Tormenta. James Jacques Joseph Tissot (s. XIX. Impresionismo. Francia)




Conocedor del café. Angel Sarkela y Andrew Sur (s. XXI. Diseño gráfico. EEUU, Norteamérica. Pintado con café 100%)






martes, 8 de febrero de 2011

Flan de huevo

 
 


El flan de huevo de toda la vida, el que se hace en casa:

Ingredientes
 
1 litro de leche, azúcar, 6 huevos
 

Preparación
 
Se coloca una flanera en el fuego para hacer caramelo. Se añaden azúcar y una cucharadita de agua (de las de café). Bañamos todo el molde con el caramelo.
 Se añaden en un bol 6 huevos y ocho cucharadas de azúcar. Batimos. A continuación agregamos 1 litro de leche. Se mezcla.
 
Cuando el azúcar de la flanera esté frío, añadimos la mezcla.
Calentamos el horno a 180º e introducimos un recipiente con agua. Colocamos la flanera dentro (si no queremos utilizar el horno, podemos poner al fuego una cazuela con agua, introducimos el molde y tapamos). Esperamos media hora. Pinchamos con una varilla; si sale limpia, el flan estará listo.
 
Desmoldamos y a saborearlo.




 

domingo, 6 de febrero de 2011

Manitas de cerdo







Manitas de cerdo al estilo de mi madre y de mi abuela, con mucha paciencia y con mucho amor. Una receta que no puede perderse:

Ingredientes
6 manitas de cerdo, 2 cebollas, 1 cabeza de ajos, 2 hojas de laurel, pimentón de la Vera, guindilla, harina, aceite de oliva y sal.

Preparación
Se limpian y se lavan las manitas. Se ponen a cocer y, cuando rompa el hervor, se retira el agua de la cocción.

En una cazuela se añade agua muy caliente, 2 hojas de laurel, 1 cebolla, 1 cabeza de ajos entera y sal. Dejamos cocer durante 2 horas. Una vez cocidas, se retiran y se dejan enfriar (reservamos el agua de la cocción). Se rebozan con harina y se fríen (cuidado porque salta mucho. También se pueden dejar sin rebozar). Se colocan en la cazuela.

En una sartén con aceite, añadimos 1 cebolla, 2 ó 3 dientes de ajo, pimentón y lo sofreímos todo un poco. Añadimos harina y dejamos pochar. Una vez pochado, se saca todo y lo majamos en un mortero. Añadimos el agua de la cocción a la sartén y mezclamos (si no queda bastante espeso se agrega un poco de Maizena desleída en agua previamente). Dejamos hervir y añadimos a las manitas (si las queremos un poco picantes, podemos añadir guindilla). Rectificamos de sal y cocemos aproximadamente un cuarto de hora. ¡Listas!

Podemos acompañarlas con patatas fritas en cuadrados.

Deliciosas.


viernes, 28 de enero de 2011

En torno a un café en el Arte II




El café. Pierre Bonnard (finales del s. XIX y s. XX. Nabis. Francia)


Café. Pierre Bonnard


Descanso. Catrin Welz-Stein (S. XXI. Arte digital. Alemania)


En el café. Pierre Auguste Renoir (s. XIX. Impresionismo. Francia)


Bajo el árbol de la pimienta. Gehring Cressey (s. XX. Impresionismo. Estados Unidos, Norteamérica)


Mujer leyendo. Alexander Deineka (s. XX. Rusia)


Familia. John Koch (S. XX. Realismo contemporáneo. Estados Unidos, Norteamérica)


Mujer con taza de café. Édouard Vuillard (finales s. XIX y s. XX. Nabis. Francia)


Terraza de café. Vincent Van Gogh (s. XX. Postimpresionismo. Holanda)


Café. Fernando Botero (s. XXI. Colombia)


Confidencias. Mark Thompson (s. XX. Realismo contemporáneo. Estados Unidos, Norteamérica)


Playa de las Maças. José Malhoa (s. XIX. Impresionismo. Portugal)


La tarea. Charles L. Peterson (s. XX. Estados Unidos, Norteamérica)


Santa Rufina. Diego Velázquez (s. XVII. Barroco. España)


Hemos elegido esta obra porque Santa Rufina porta una taza para el café, con una imagen muy próxima y de gran simplicidad. Los rasgos humildes de la joven, pintados con un realismo contundente propio del estilo de Velázquez, sugieren que la obra fue pintada al vivo y puede que tenga algún parecido con el de una de las hijas del pintor, o Francisca o Ignacia, cuyas edades rondarían los 12 y 14 años cuando el lienzo se pintó a principios de la década de 1630.
Justa y Rufina, hermanas carnales, nacieron en Sevilla en una familia muy modesta con firmes convicciones cristianas. Se dedicaban al oficio de alfareras. Vivieron en la época del Imperio Romano, y sufrieron martirio por negarse a abandonar sus creencias cristianas.
Santa Rufina se representa con la palma del martirio, y con una taza de loza alusiva a su oficio de alfarera.
 
 


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