viernes, 15 de abril de 2011

Té y Literatura




Té con scones. Daniel Tennant



Fragmentos de dos obras con mucho encanto:


Todas las tardes eran iguales: después de cantar,
su madre preparaba el té. Y su padre tocaba.
La Sonata n.º 7 de Beethoven, los Pensamientos poéticos
de Liszt, la Pavana para una infanta difunta de
Ravel.
Cecile dejaba su dibujo. Se sentaba a la mesa.
Esperaba la taza caliente. Ella tenía una pequeñita.
Sus padres, una grande con dibujos de pájaros
desconocidos.
Todas las tardes eran iguales. Su madre servía
el té y luego quebraba con sus manos una rama de
canela y ponía un trocito en cada taza.
Cecile Goldberg tenía tres años. No sabía lo
que era el dolor. No sabía lo que era la infelicidad.
Creía que el mundo era aquello: música, amor,
una taza de té y una barrita de canela.


José Carlos Carmona, “Sabor a canela”





Ceremonia del té. Dinastía Tang




La primera taza acaricia mi garganta y mis secos labios.

La segunda rompe los muros de mi solitaria tristeza.

La tercera busca los secos arroyos de mi alma 
para encontrar los cuentos de los cinco mil rollos.

Con la cuarta, el dolor de las injusticias pasadas 
desaparece a través de mis poros.

La quinta purifica mi carne y mis huesos.

Con la sexta entro en contacto con los inmortales.

La séptima me proporciona un placer tal,
que casi es insoportable.

El viento fresco sopla a través de mis alas,
mientras me encamino hacia Penglai. 


Lu Tong (795-853) poeta de la dinastía Tang






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