domingo, 10 de mayo de 2015

Un olor a tortilla...






Un poema evocador, entrañable. El aroma de la tortilla impregna todo el poema:

Como un ciclón invade los salones,
la casa, las alcobas, el vestíbulo,
un aroma de huevos cocinándose.

Era primero el eco de la loza
contra el rojo metal del tenedor:
ruido de castañuelas y cansancio,
el pijama de pies, las gotas de Nenuco.
Los deberes que nunca se acababan,
la lámpara flotando sobre el lunes.

Luego la lumbre se encendía, y era
el amor sin cansancio del aceite: fundirse, crepitar.

Y mi madre logrando
la redondez exacta, amarilla y brillante.
Una felicidad redonda y de diario.


Rocío Arana, Omelette


¡Ummm, qué bien huelen estos versos!




2 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

Este poema es mágico porque en él vive esa madre.

Besos.

Rosa dijo...

Pues sí, totalmente de acuerdo, (qué raro...).

Besos, Toro. ¡Feliz día!

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