viernes, 19 de septiembre de 2008

El Canto de la miel: Federico García Lorca



La miel es la palabra de Cristo,
El oro derretido de su amor.
El mas allá del néctar,
La momia de la luz del paraíso.

La colmena es una estrella casta,
Pozo de ámbar que alimenta el ritmo
De las abejas. Seno de las campos temblorosos
de aromas y zumbidos

La miel es la epopeya del amor,
la maternidad de lo infinito.
Alma de sangre doliente de las flores
condensada a través de otro espíritu.

(Así la miel del hombre la poesía
que mana de su pecho dolorido,
de un panal con la cera del recuerdo
formado por la abeja de lo intimo)

La miel es la bucólica lejana
Del pastor, la dulzaina y el olivo,
Hermana de la leche y las bellotas,
Reina suprema del dorado siglo.

La miel es como el sol de la mañana,
tiene toda la gracia del estío
y la frescura vieja del otoño.
Es la hoja marchita y es el trigo.

¡Oh divino licor de la humildad,
sereno como un verso primitivo!

La armonía hecha carne tú eres,
El resumen genial de lo lírico.
En tí duerme la melancolía,
El secreto del beso y del grito.

Dulcisíma. Dulce. Este es tu adjetivo.
Dulce como los vientres de las hembras.
Dulce como los ojos de los niños.
Dulce como las sombras de la noche.
Dulce como una voz. O como un lirio.

Para el que lleva la pena y la lira,
eres sol que ilumina el camino.
Equivales a todas las bellezas,
Al color, a la luz, a los sonidos.

¡Oh! Divino licor de esperanza,
donde a la perfección del equilibrio
llegan alma y materia en unidad
como es la sitia cuerpo y luz de Cristo.

Y el alma superior es de las flores,
¡Oh licor que esas almas has unido!
El que te gusta no sabe que traga
Un resumen dorado del lirismo.


Federico García Lorca (1918)


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