martes, 6 de diciembre de 2011

Tortilla de patatas con historia





La tortilla de patatas, conocida universalmente como tortilla española, se puede decir que es el plato español por excelencia; en todos los lugares se cocina y, con los mismos ingredientes, no hay dos iguales.
Su origen es confuso y son muchas las teorías al respecto.




En las crónicas de Indias se tiene documentado que en 1519, ya se conocía la tortilla de huevo tanto en Europa por los conquistadores españoles como en América al menos por los aztecas, quienes la preparaban y vendían en los mercados de Tenochtitlan; En esos textos la tortilla de Mesoamérica solía referirse como pan de maíz, por lo que la alusión a la tortilla de huevo se realiza sin confusión:

"... venden huevos de gallinas y de ánsares, y de todas las otras aves que he dicho, en gran cantidad; venden tortillas de huevos hechas. Finalmente, que en los dichos mercados se venden todas cuantas cosas se hallan en toda la tierra"
(Segunda carta de relación de Hernán Cortés)


"...carne y pescado asado, cocido en pan, pasteles, tortillas de huevos de muy distintas aves. Es innumerable el mucho pan cocido y en grano y espiga que se vende, juntamente con habas, judías y otras muchas legumbres..."                         
(Historia general de las Indias, Francisco López de Gómara)
 
  

Sin embargo, en Europa, la tradición culinaria de la torta o tortilla se remonta al ovorum, o tradicional torta de huevo que los romanos hacían a base de leche y huevos pero sin patatas, la llegada del famoso tubérculo de las américas supuso el complemento perfecto para inventar la tortilla de patatas.

Aunque fue muy usada desde el siglo XVI, el cultivo de patata no se popularizó en nuestro país hasta finales del siglo XVIII, incluso se consideró como una planta venenosa. La patata era considerada hasta esa fecha como solución alimenticia poco valorada culinariamente, pero útil para paliar las terribles hambrunas de la época. Fue a mediados del siglo XIX cuando la tortilla de patatas se popularizó en casi toda España, siendo adoptada en todos los hogares por sus efectos beneficiosos tanto para la nutrición como para la economía doméstica; deviniendo en tapa o ración obligada en tascas, cantinas y figones de la Villa y Corte. Pero, ¿quién inventó la tortilla de patatas?
 

Hospital de la Hermandad de la Caridad de Sevilla 

Una de las teorías es que en el año 1575 el Hospital de la Hermandad de la Caridad de Sevilla pasaba por eventuales dificultades económicas y por el consejo de alguno de los indianos repatriados, los hermanos utilizaron las patatas que se cultivaban en algunas heredades a orillas del Betis para alimentar a los enfermos, obteniendo una buena aceptación por parte de éstos. A la vista del éxito se decidió plantar patatas en los huertos conventuales. El 19 de diciembre de 1577, la madre Teresa de Jesús enviaba desde Ávila una carta a la priora del Convento del Carmen, de Sevilla, para agradecerle unas patatas y algunas "fruslerías" que le había enviado.




General Zumalacárregui


Es una creencia popular que la inventora de la tortilla española fue una mujer pobre que vivía en una de las muchas casas de las serranías navarras. Según cuentan, una noche oscura de invierno, acertó a pasar por ella el general Zumalacárregui (militar español que dirigió el ejército carlista y organizó Navarra de los liberales) quien pidió a la mujer que le diera algo de comer. Ella se fue a la cocina y vio que sólo tenía unas cuantas patatas y cebollas y un par de huevos. Como no quería descontentarlo, hizo freír las patatas y las cebollas cortadas en trocitos y cuando fueron hechas las mezcló con los huevos batidos. Puso la mezcla en una sartén y lo dejó cocer a fuego lento. Al general le gustó mucho el plato. Desde aquel momento la cortesana navarra acababa de crear un plato exquisito que iba a ser uno de los más famosos de la cocina española.

El primer documento conocido en el que aparece una referencia a la tortilla de patatas es navarro. Se trata de un anónimo "Memorial de ratonera", dirigido a las Cortes de Navarra en 1817; en él se explican las míseras condiciones en las que viven los agricultores comparándolos con los habitantes de Pamplona y de la Ribera navarra. Después de una larga enumeración de los míseros alimentos tomados por los montañeses aparece la siguiente cita:
"...dos o tres huevos en tortilla para cinco o seis, porque nuestras mujeres la saben hacer grande y gorda con pocos huevos mezclando patatas, atapurres de pan u otra cosa...".

Javier López Linaje, científico titular del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC, dice que la tortilla de patatas debió surgir con antelación en Extremadura hacia 1770, en un intento de elaborar un pan de patatas que paliaran el efecto de las malas cosechas. Unas tortitas de sartén que contenían harina de trigo y harina de patatas, levadura y huevos batidos. 
 




Para hacer una tortilla

Compra en el mercado,
unas patatas nuevas.
Con esmero y cuidado,
las lavas y las pelas.

Cortadas en daditos,
las pasas a la sartén
y en aceite calentito,
las fríes muy bien.

Si no eres muy delicado,
y te gusta cualquier olla,
será bastante acertado,
añadirle una cebolla.

En un recipiente aparte,
bates muchos huevos.
Permíteme recordarte,
que deben ser frescos.

Un chorreón de leche,
le pone el que sabe.
¡Vale! Lo añadimos
a los huevos batidos
y estará más suave.

De la sartén sacamos,
la cebolla, las patatas,
con huevos mezclamos
y tendremos una masa.

¿Has olvidado el detalle?
Añade una pizca de sal.
¡Con cuidado, sin pasarse
o la tendrás que tirar!

En la sartén sin aceite,
bueno, con sólo un poco,
esta vez bien caliente,
lo volcamos todo.

Esperamos a que cuaje,
sin que esté muy hecha.
Demuestra ahora tu arte,
dándole bien la vuelta.

¡Vamos, abuela!
¡Vamos chiquilla!
¡Venga, a la mesa!
¡Ya está la tortilla!

Gregorio Toribio





sábado, 3 de septiembre de 2011

Septiembre mágico: Rusalka de Dvorak






Rusalka (término checo que significa ondina, "mujer encantada"), es una ópera en tres actos de Antonín Dvorak.
Ésta es el aria más conocida, la Canción a la luna, que canta Rusalka para pedirle que la convierta en un ser humano, que pueda ser amado por el Príncipe:
  
Luna, que con tu luz iluminas todo 
desde las profundidades del cielo 
y vagas por la superficie de la tierra 
bañando con tu mirada el hogar de los hombres. 
¡Luna, detente un momento 
y dime dónde se encuentra mi amor! 
Dile, luna plateada, 
que es mi brazo quien lo estrecha, 
para que se acuerde de mí 
al menos un instante. 
¡Búscalo por el vasto mundo 
y dile, dile que lo espero aquí! 
Y si soy yo con quien su alma sueña 
que este pensamiento lo despierte. 
¡Luna, no te vayas, no te vayas! 

El libreto en checo, basado libremente en un cuento de Hans Christian Andersen  (La Sirenita), fue escrito por el poeta Jaroslav Kvapil. Parece ser que Dvorak, cuando lo leyó, se interesó enseguida, y compuso su obra lírica más importante.

 Nos narra esta historia:

Una hermosa noche de verano, las ondinas juegan en un lago del bosque y bromean con el viejo espíritu de las aguas. Sin embargo, una no está completamente entregada al juego: Rusalka ama al príncipe que va a cazar con frecuencia a ese lugar, el cual no puede verla porque es invisible a los ojos humanos. Rusalka anhela tener un cuerpo humano y vivir la vida de una mujer. El espíritu de las aguas intenta inútilmente disuadirla. Rusalka recurre a la bruja Jezibaba , que puede cumplir su deseo,  pero que le impone una condición difícil: enmudecer. Sin embargo, nadie puede disuadirla de su deseo. Y así, el príncipe, que se ha enamorado de ella, la lleva a su castillo. Pero su amor se enfría poco a poco, pues no puede entender a la extraña mujer, bella y siempre silenciosa. A una princesa le resulta fácil llamar la atención del príncipe. El espíritu de las aguas, que no puede soportar más el sufrimiento de Rusalka, se la arrebata al príncipe. Sólo entonces comprende éste que ha amado a un ser del reino de los espíritus. Su deseo despierta otra vez y envía mensajeros para que encuentren a Rusalka. Esta vagabundea desesperada; ha sido desterrada del reino de las aguas; no puede y no quiere volver al reino de los hombres. La bruja le sugiere una solución: si mata al príncipe quedará redimida y podrá volver a las profundidades del lago. Pero Rusalka sigue amando al príncipe y, cuando éste llega por fin, enfermo de nostalgia, al borde del lago, la ondina quiere salvarlo. El príncipe sabe que el beso de Rusalka se ha vuelto mortal para él, pero anhela ese final. Muere en el instante más dichoso de su vida, cuando Rusalka le besa por última vez.


Una música muy bella, envolvente, mágica. Dedicada especialmente a mi hermana.





jueves, 21 de julio de 2011

Bizcocho casero







Un bizcocho muy esponjoso y sencillo de preparar, midiendo los ingredientes con el envase de un yogur.

Ingredientes
 
2 yogures de limón, 2 vasos del yogur de azúcar, 3 huevos, 1 vaso del yogur de aceite, 1 sobre de levadura Royal, 4 vasos de yogur de aceite, ralladura de limón y naranja, azúcar glas.
 

Preparación
 
En un bol se añaden todos los ingredientes (menos el azúcar glas) y se baten.
Se untan de mantequilla las paredes y el fondo de una bizcochera y se añade la mezcla. Se introduce en el horno caliente a 170º durante media hora (introducimos una varilla, si sale limpia, está listo). Espolvoreamos con azúcar glas.
 
 Rápido, esponjoso y sabroso.





 

miércoles, 20 de julio de 2011

Asadurilla de cordero

 
 
 


Un plato que muchas personas, en principio, se resisten a probar, pero, una vez probado,  les encanta. Bien preparado, con mimo y despacio, resulta realmente sabroso. Como siempre, os dejo la receta de mi abuela, que mi madre borda y que todos seguimos.

Ingredientes
 
1 asadurilla de cordero, 2 dientes de ajo, una cebolla (o dos también admite), 1 hoja de laurel, pimentón de la Vera, un poco de guindilla, aceite de oliva virgen extra, medio vaso de vino de Jerez, sal y caldo (preparado con un hueso de ternera, puerro y zanahoria).
 
Preparación
 
Limpiamos la asadurilla y la partimos en trozos pequeños. En una cazuela (si es de barro de Pereruela mejor), ponemos aceite y añadimos la cebolla picada, los ajos y la hoja de laurel (mi madre la machaca en el mortero). Se deja pochar media hora a fuego lento.

Añadimos la asadurilla y se rehoga todo. Salamos. Lo dejamos un cuarto de hora a fuego lento. Añadimos una cucharada de pimentón y rehogamos de nuevo. A continuación, añadimos el caldo (medio vaso), este paso es importante, porque, según mi madre, le da un sabor especial, el vino de Jerez y guindilla al gusto, más o menos picante. Se cuece durante una hora aproximadamente con la cazuela tapada, si observamos que tiene el caldo justo, o destapada, si es necesario que se reduzca.

 
Esta receta está más rica si la servimos al día siguiente.
Se puede acompañar con patatas fritas cortadas en cuadraditos.
 


 
 
 

viernes, 15 de julio de 2011

Riñones al Jerez

 
 
 


 
Una receta que viene de mi abuela y que nos enseñó a las siguientes generaciones. Los ingredientes siempre eran "a ojo", según veamos, como decía ella.
Los riñones son bastante engorrosos para limpiar, pero resulta un plato exquisito.
  
Ingredientes
 
500g. de riñones de ternera (pueden ser también de cordero), 1 cebolla, 1 diente de ajo, perejil, guindilla, harina, media copa de Jerez (también puede utilizarse coñac), aceite de oliva y sal.

Preparación
 
Se limpian los riñones  de la grasa y se parten a la mitad. Se dejan reposar con agua, sal y limón durante 15 minutos aproximadamente. Esta operación es muy importante, pues sirve para limpiarlos mejor. Continua la limpieza para que suelten toda la orina: se coloca una cazuela con agua al fuego y, en un colador grande, se introducen los riñones. Cuando el agua comience a hervir, se meten y se sacan del agua  hasta que se limpien bien. Esta operación es también fundamental para eliminar todos los restos de orina.
Se parten en trozos pequeños.
 
En una sartén se añade aceite con el ajo, la cebolla, el perejil y la guindilla (un poco, para que estén "alegres", como decía mi abuela), muy picaditos, y se deja pochar el conjunto. Se añaden los riñones y una cucharadita de harina para que la salsa espese (no es necesario utilizar el harina si no queremos, porque la salsa queda también "melosa", otro término de mi abuela, pero con ella espesa más). Salamos y rehogamos todo. A continuación, añadimos el Jerez y esperamos que se cocinen a fuego lento durante 7-10 minutos.

Se pueden acompañar con patatas fritas en cuadraditos.




 

martes, 12 de julio de 2011

Natillas caseras con grosellas

 
 


Un postre exquisito con la receta de mi madre:

Ingredientes
 
1 litro de leche, 6 u 8 cucharadas de azúcar, 1 piel de naranja o de limón, 1 sobre de Flanin El Niño, 2 yemas de huevo, canela.

Preparación
 
En una cazuela se vierte la leche, se añaden el azúcar y la piel de naranja (o de limón, al gusto), y las 6 u 8 cucharadas de azúcar. En una taza con leche fría se disuelve 1 sobre de Flanín (o 2 si las queremos más espesas , al gusto), y las dos yemas de huevo. Cuando la leche comience a hervir, se agrega la mezcla. Se remueve continuamente para que no se corte, durante 5 minutos.
 
Se distribuyen las natillas en  recipientes individuales y se espolvorea con canela. Dejamos enfriar y las metemos en la nevera para tomarlas fresquitas. Acompañamos con grosellas distribuidas por encima, que aportan un toque ácido muy rico. También se pude añadir una galleta María. 

 Delicioso.






lunes, 11 de julio de 2011

Gazpacho






El gazpacho tiene multitud de variantes, pero el que prepara mi madre durante el verano con estos ingredientes, nos encanta a todos. Muy fresquito es delicioso.

Ingredientes

1 kg de tomates maduros, medio pimiento rojo, medio pimiento verde, 1 diente de ajo, medio pepino (o uno entero, al gusto), 2 panes de molde mojados en agua, 1 vaso de aceite de oliva virgen, 6 cucharadas soperas de vinagre de Jerez.

Preparación

Se trocean los ingredientes. Se tritura el conjunto con la batidora, y se añaden agua y sal al gusto. Lo metemos en la nevera para tomarlo bien fresquito.

 Delicioso.

 


martes, 14 de junio de 2011

Aprendiendo a comer: la lactancia en el Arte II



Maternidad. Pablo Picasso (s. XX. España)
  

Maternidad. Gino Severini (s. XX. Líder del Futurismo. Italia)


Madre y niño. Alberto Giacometti (s. XX. Suiza)


Madre y niño. Maurice Denis (finales del s. XIX y s. XX. Nabis. Francia)


Maternidad. Vincent van Gogh (s. XX. Postimpresionismo. Holanda)


Mujer con bebé. Amadeo Modigliani (s.XX. Escuela de París. Nacido en Italia, su vida artística transcurrió en Francia)


Madre y niño. Julius Garibaldi Melchers (s. XX. Impresionismo. Estados Unidos, Norteamérica)

 

La señora Lebasque con su hijo. Henri Lebasque (finales del s. XIX y s.XX. Nabis. Francia)


Nodriza con bebé y niño con perro. Pieter de Hooch (s. XVII. Barroco. Holanda)


Virgen del Díptico de Melun. Jean Fouquet (s. XV. Renacimiento. Francia)


Virgen de la leche. Luis de Morales el Divino (s. XVI. Renacimiento. España)


Virgen de la leche. Dieric Bouts el Viejo (s. XV. Gótico. Flandes)


Virgen y el Niño. Roger van der Weyden (s. XV. Gótico. Primitivos flamencos. Flandes)


Virgen de la leche. Jan van Eyck (s. XV. Gótico. Primitivos flamencos. Flandes)


Virgen y Niño. Lippo Memmi (s. XIV. Gótico. Escuela de Siena. Italia)






martes, 3 de mayo de 2011

Aprendiendo a comer: la lactancia en el Arte I

 
 
 Maternidad. Vicente Romero (s. XXI. España)


Maternidad. Juan Miró (s. XX. Surrealismo. España)


Virgen y ángeles. Joaquín  Michavila (s. XXI. España)


Maternidad. Tamara de Lempicka (s. XX. Art Decó. Polonia)


Louise amamanta a su hijo. Mary Cassat (s. XIX. Impresionismo. Norteamérica)


Maternidad. Mary Cassat

 
Maternidad. Carl Vilhelm Holsoe (s. XIX. Escuela Danesa)


Vinculación. Han Wu Shen (s. XXI. Nuevo Realismo. China)


 Matenidad. Paul Gauguin (s. XX. Postimpresionismo. Francia)


Hortensia amamantando a Pablo. Paul Cézanne (s. XX. Postimpresionismo. Francia)


 Maternidad. Pierre-Auguste Renoir (s. XIX. Impresionismo. Francia)


 Las edades del obrero. León Frédérick (s. XIX-XX. Simbolismo. Bélgica)

 
Joven madre. Émile Lévy (s. XIX. Academicismo. Francia)


 Madre con niño. Pieter de Grebber (s. XVII. Barroco. Holanda)


La joven madre. Gerrit Dou (s. XVII. Barroco. Holanda)


 La Sagrada Familia. El Greco (s. XVI. Renacimiento- Manierismo. España)


 Virgen con el niño. Gérard David (s. XV. Gótico. Pintura flamenca)

 
Virgen con el niño. Leonardo da Vinci (s. XVI. Cinquecento. Italia)


Virgen de la leche, Escuela italiana del s. XVII


 Virgen de la leche. José Camarón Boronat (s. XVIII. España)
 

 Virgen del cojín verde. Andrea Solario (s. XV. Renacimiento. Italia)
 

 Virgen de la leche. Bartolomé Bermejo (s. XV. Gótico. España)

 
 Virgen de la leche. Ramón Mur (s. XV. Gótico Internacional. España)
 

 Isis amamantando a Horus. Egipto


Lactancia (Babilonia. 6000 a. C.)


Dedicado a todas las madres.


"El niño reconoce a la madre por la sonrisa".

León Tolstoi





 

viernes, 15 de abril de 2011

Té y Literatura





Té con scones. Daniel Tennant



Fragmentos de dos obras con mucho encanto:


Todas las tardes eran iguales: después de cantar,
su madre preparaba el té. Y su padre tocaba.
La Sonata n.º 7 de Beethoven, los Pensamientos poéticos
de Liszt, la Pavana para una infanta difunta de
Ravel.
Cecile dejaba su dibujo. Se sentaba a la mesa.
Esperaba la taza caliente. Ella tenía una pequeñita.
Sus padres, una grande con dibujos de pájaros
desconocidos.
Todas las tardes eran iguales. Su madre servía
el té y luego quebraba con sus manos una rama de
canela y ponía un trocito en cada taza.
Cecile Goldberg tenía tres años. No sabía lo
que era el dolor. No sabía lo que era la infelicidad.
Creía que el mundo era aquello: música, amor,
una taza de té y una barrita de canela.


José Carlos Carmona, “Sabor a canela”



Ceremonia del té. Dinastía Tang


La primera taza acaricia mi garganta y mis secos labios.

La segunda rompe los muros de mi solitaria tristeza.

La tercera busca los secos arroyos de mi alma 
para encontrar los cuentos de los cinco mil rollos.

Con la cuarta, el dolor de las injusticias pasadas 
desaparece a través de mis poros.

La quinta purifica mi carne y mis huesos.

Con la sexta entro en contacto con los inmortales.

La séptima me proporciona un placer tal,
que casi es insoportable.

El viento fresco sopla a través de mis alas,
mientras me encamino hacia Penglai. 


Lu Tong (795-853) poeta de la dinastía Tang






domingo, 3 de abril de 2011

El café inspirador




La tazza di ambra. Lucio Frizzotti


El café ha servido como fuente de inspiración para muchos escritores y músicos:

Charles Maurice de Talleyrand, político francés, decía: 

El café ha de ser negro como el diablo, caliente como el infierno y aromático como una mujer".

Voltaire, que vivió 82 años y tomaba entre 30 a 72 tazas diarias de café, manifestó:

"Claro que el café es un veneno lento, hace 40 años que lo tomo".

El escritor cubano José Martí apunta:

“El café me enardece, me alegra, es fuego suave sin llama y me acelera toda la sangre de mis venas”.

Es conocido que Honorato de Balzac no podía escribir si en su mesa faltaba una taza de café bien cargado. Su adicción al café fue notoria. Se solía acostar a las seis de la tarde, siendo despertado por una criada justo a medianoche; inmediatamente se vestía con ropas de monje (una túnica blanca de cachemira) y se ponía a escribir ininterrumpidamente de doce a dieciocho horas seguidas, siempre a mano su cafetera de porcelana. Durante todo ese tiempo no paraba de consumir taza tras taza, lo que, en su opinión, no sólo le mantenía despierto y despejado, sino que le inspiraba a escribir. Parece ser que “La Comedia Humana” (su mejor obra literaria) descansa sobre 50,000 tazas de café bien caliente. Solía recorrer la ciudad de París para encontrar el mejor producto. Antes de morir, Balzac escribió el ensayo "Los placeres y los dolores de café", donde explica los efectos que le producía: 
"Este café cae en el estómago. A partir de ese momento, todo se agita. Las ideas rápidas se ponen en marcha como los batallones de un gran ejército, una batalla se abre y concluye con el polvo negro".
También músicos como Mozart, que gustaba sobre todo del café con leche, lo utilizaron para componer y permanecer despiertos. Parece ser que fue compañero indispensable la noche que compuso la Obertura de la ópera de Don Giovanni, reclamando a su esposa Constance "una jarra llena de café".

El majestuoso Beethoven antes de componer, seleccionaba pacientemente y exactamente los sesenta mejores granos por taza de café que tomaba. Desde luego, un café fuerte.

La última frase de Juan Sebastián Bach en su Cantata dedicada al delicioso café, dice:

“Ningún beso, ningún vino embriaga tanto como el café”.

Por último, este hermoso poema:

Esta es la bebida al poeta tan cara,
Ignorada de Virgilio y que Voltaire adoraba,
Y creo, con el genio que el despertar provoca,
Que estoy bebiendo un rayo de sol en cada gota.

(Jacques Delille)





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