Me pasa como al niño cumpleañero a quien lo colman tanto de regalos que ya no sabe qué decir ni hacer. Ese eres Tú, Señor, agasajándome: para mí todo te parece poco. Ya eran excesivas las estrellas, pero Tú no, Tú a regalar la luna, el sol, el agua, el árbol; y venga a darme más: el bien, la vida, mi familia, mis ojos. Y yo abriendo, abriendo y arrumbando en un rincón. ¡Que yo no sé jugar a tantas cosas! No voy a hacerles caso ni a cuidarlas. ¿No ves que soy un niño?