sábado, 21 de abril de 2012

Cocina y música alrededor del Titanic






En los primeros años del siglo XX los barcos constituían el único medio de transporte trasatlántico y transpacífico. Al no existir, todavía, la navegación aérea, ricos y pobres utilizaban las embarcaciones de gran calado para ir de un continente a otro. Las personas de escasos recursos, quienes emigraban de sus respectivos países en busca de mejores condiciones de vidas, solían viajar de Europa a América en esos gigantescos barcos.

Entre estos barcos, el mejor de la época, se encontraba el Titanic, un navío de colosales dimensiones, considerado prácticamente "insumergible".
El nombre de Titanic se lo dieron en homenaje a los titanes de la mitología griega, unos personajes que cometieron la osadía de desafiar a los dioses. De esta manera se quería reflejar la grandeza del transatlántico.
El 10 de abril de 1912, al filo del medio día, zarpó de Southampton (Inglaterra) rumbo a Nueva York. El costo del boleto de primera clase era de 870 libras, en tanto que el de tercera era de dos libras.




En ese barco, donde se combinaba el lujo más refinado con la elegancia nunca antes vista, viajaban 1.343 pasajeros y 885 tripulantes. En total, 2.228 personas.

En la noche del 14 de abril, a las 23:40 horas, cuando navegaba a una velocidad de casi 41 kms/hora, un iceberg de 100 metros de altura -que sobresalía dieciocho metros sobre el agua- rozó el costado de estribor del "Titanic", por muchos considerado "insumergible". El daño ocasionó la entrada de gran cantidad de agua, que fue inundando los compartimentos estancos del barco, lo que hizo pensar a los oficiales que tenían a su cargo esta nave, que zozobraría en poco tiempo. Evaluados los cuantiosos daños se tomó la decisión de bajar las 20 lanchas salvavidas, en las cuales únicamente podían tener cabida 1.178 personas, poco más de la mitad del pasaje.

En menos de tres horas el "Titanic" se partió en dos, y a las 02:20 de la madrugada, del 15 de abril de 1912, se hundió a una profundidad de casi 4.000 metros, ocasionando la muerte de 1.503 personas. De los 2.228 seres humanos que allí se encontraban únicamente sobrevivieron 705, quienes fueron llevados a Nueva York (a donde llegaron el 18 de abril). Se encontraba, en el momento del hundimiento, a 160 kilómetros al sur del Gran Banco de Terranova.

Pero¿cómo vivieron los pasajeros las horas antes del hundimiento?, ¿cómo se desarrolló su última cena?

Auguste Escoffier, el emperador de los cocineros y padre de la nouvelle cuisine, fue el encargado de diseñar la mejor de las cartas para el mejor de los buques. Los pasajeros de primera clase pudieron disfrutar, durante los días que duró el malogrado viaje (menos de cinco), de una de las mejores cocinas del mundo.


Comedor primera clase


Y a bordo del "Titanic", el segundo oficial en rango en todo el barco (su autoridad únicamente estaba precedida por la del capitán, Edward John Smith) era el jefe de cocina, Henry Tingle Wilde. El salón del restaurante principal media 35 metros de largo por 28 de ancho, y tenía capacidad para servir a 500 personas simultáneamente, y su decoración interior podía competir con la del Palacio de Versalles. En total, las cocinas del "Titanic", que eran casi cuarenta, estaban atendidas por más de cien personas, entre cocineros, ayudantes, carniceros, pasteleros, panaderos y supervisores.

Las diferencias entre el estilo de viaje de los pasajeros de primera y los de tercera clase del famoso transatlántico, eran notorias. Es evidente, por tanto, que no todos los pasajeros comieron lo mismo la noche del hundimiento. Sin embargo, a pesar de las diferencias se puede decir que todo el mundo pudo disfrutar en el Titanic de unos menús de alta calidad. 
Los pasajeros aún sorbían sus últimos cafés, los hombres apuraban su copa y su cigarro en alguno de los salones de fumadores cuando se produjo el accidente.
En las cocinas ya se estaba preparando el desayuno para el día siguiente






El menú de la última cena para los pasajeros de la primera clase la noche del hundimiento, estaba compuesto por nada más y nada menos que de nueve platos más el postre. Un alimento hoy en día tan común y popular como el pollo, no lo era tanto a principios de siglo, cuando se entendía como un artículo de lujo sólo al alcance de los que se podían permitir viajar en primera clase. Esto fue lo que se sirvió en los más lujosos platos decorados con la famosa estrella blanca:




Vajilla de la primera clase del Titanic con el emblema de la Compañía Naviera



Primer Plato
Entrantes-Ostras

Segundo Plato
Consomé Olga – Crema de cebada

Tercer Plato
Salmón al vapor con salsa muselina – Pepinillos 

Cuarto Plato 
Filete Lili
Salteado de pollo a la Lionesa
Calabacines rellenos 

Quinto Plato
Cordero con salsa de menta
Pato asado con salsa de patatas
Solomillo de ternera
Acompañamiento de patatas parisinas, guisantes, crema de zanahorias y arroz  

Sexto Plato
Sorbete de naranja

Séptimo Plato
Pichón relleno 

Octavo Plato
Espárragos a la vinagreta

Noveno Plato
Foie Gras y apio  

Décimo Plato
Tarta Waldorf
Melocotones con helado de Chartreuse
Bombones de chocolate y vainilla
Helado

En cuanto a la bebida fueron embotelladas, exclusivamente para el Titanic, 4 mil botellas de champagne de la mejor calidad.


2. El menú de los pasajeros de segunda clase resultó ser tan variado como el de primera. De hecho, podría pasar por cena de lujo en cualquier restaurante de hoy en día:
Consomé Tapioca
Abadejo al horno con salsa picante
Pollo al curry con arroz
Cordero lechal con salsa de menta
Pato asado con salsa de arándanos
Acompañamiento de guisantes, puré de nabos, patatas y arroz
Pudin de ciruelas
Sandwich de coco al vino
Helado americano

Nueces
Fresas al natural

Tarta de queso

Café



3. Por su parte, para los pasajeros de tercera clase, en la carta se enumeraban las opciones para el desayuno, la merienda, el té, y la cena de la funesta noche.  


Desayuno

Cereales variados con leche
Hígado y bacon
Pan fresco con mantequilla
Mermelada
Café o té

Cena
Sopa de verduras
Pollo hervido con bacon y salsa Panbley
Guisantes y patatas cocidas
Pudin de ciruelas
Crema de caramelo


Merienda o té
Oxford Brawn

Ensalada
Pan con mantequilla
Jamón





Ständchen (Serenade). Schubert


La música que los pasajeros de primera clase escucharon, durante el breve recorrido del "Titanic" por el Atlántico, de acuerdo a las partituras que se tiene conocimiento, fueron interpretadas por la orquesta de cuerdas (dirigida por William Hartley) integrada por siete músicos.

Entre otras melodías, interpretadas durante la última cena, figuran las siguientes: El Capitán (Sousa), Elite Syncopations (Joplin), Humoresque (Dvorak), Intermezzo (Mascagni), Ständchen (Schubert) y Wiener Blut (J. Strauss II).



Humoresque. Dvorak


La merecida fama heroica de la Wallace Hartley Band, la orquesta que tocó en el Titanic mientras se hundía, se la debemos al relato que Mary Hilda Slater hizo al Worcester Evening Gazette de Massachusetts (EE.UU.) el viernes 19 de abril 1912; sólo 24 horas después de pisar tierra. Luego otros supervivientes confirmarían que los músicos tocaron hasta la muerte.

Mary Slater dijo que el grupo tocó hasta el último instante y que incluso sus notas se podían oír mezcladas con los gritos desesperados de las víctimas. Añadió que desde el momento que el barco se golpeó con el iceberg, la Wallace Hartley Band tocó aires alegres, valses y polkas, que contribuyeron a mantener el ánimo y a que el pánico no se hiciera dueño del buque al primer instante. Tocaron incluso cuando el agua comenzaba a diluir sus partituras.
Los ocho no formaban parte de la tripulación, aunque a veces se les sume a la lista, y viajaban en segunda clase como pasajeros.
Hay alguna duda al respecto pero lo más seguro es que la única vez que tocaron los ocho músicos juntos fue cuando el naufragio. Durante la travesía formaban un quinteto y un terceto que tocaban por separado en distintas zonas del buque, siempre por el área de primera clase.
Hay quien los presenta como héroes. Otros, como servidores que siguieron adelante con su cometido y cumpliendo con la petición que les hizo su capitán de permanecer en sus puestos. Pero para la mayoría son un ejemplo de profundo amor a la música.



Pietro Mascagni. Intermezzo




Una historia preciosa que he encontrado de una mujer superviviente del Titanic, una de las camareras.

Entre la tripulación del Titanic solo había 23 mujeres, tres de las cuales perecieron. El resto se salvó, y entre ellas estaba Violet Jessop, joven, bella y luchadora. Una mujer a la que la vida deparó un destino extraordinario, pues sobrevivió a los tres accidentes que experimentaron los tres mejores barcos de la naviera White Star o, lo que es lo mismo, quizás los tres mejores barcos de una época. Violet salió indemne en 1911 del Olympic, que casi naufragó tras un abordaje fortuito; sobrevivió al hundimiento del Titanic, en 1912, y se salvó del naufragio del Britannic, hundido en 1916 durante la Primera Guerra Mundial. Tres barcos hermanos, pertenecientes a la Clase Olympic, tres peripecias imponentes y una mujer, Violet Jessop, para contarlas.





Violet embarcó en el Titanic en Southampton vestida con un largo traje marrón. Durante el corto periodo de tiempo que pasó a bordo, conoció a Thomas Andrews, un personaje que surge en las historias del Titanic y que sabemos que alcanzó el respeto de la tripulación gracias a la propia Violet.

Andrews era un hombre de un estatus inabordable para una azafata. Era el padre del Titanic y el arquitecto jefe del astillero. Viajaba en primera clase (obviamente), tenía 39 años, era de Belfast y sobrino de lord Pirrie o, lo que es lo mismo, de la cima de la compañía constructora del barco. Pero Andrews era diferente. Violet explicó que su relación con la tripulación era mucho más próxima y amable de lo habitual al comienzo del siglo XX en aquel superclasista Reino Unido que a bordo de sus buques exageraba aún más las distancias humanas. Andrews impresionó a Violet y a sus compañeros con su sincera atención a las sugerencias de mejoras que le comentaban los tripulantes de cualquier categoría. Violet dijo del ingeniero:

“Con frecuencia, durante las rondas nos encontramos con nuestro querido diseñador dando vueltas discretamente con cara cansada y aire de satisfacción. Siempre que nos topábamos con él, estaba dispuesto a intercambiar una palabra amable. Creo que su única pena, pues se lamentaba, es que cada día estábamos más lejos de su casa. Todos sabíamos del amor que sentía por su hogar en Irlanda y sospechábamos que deseaba volver cuanto antes”, escribió Violet en un libro de memorias.

La noche del 14 de abril, el cuarto día de navegación del viaje inaugural del Titanic, el aire al anochecer era más frío. Como cada noche antes de retirarse, Violet había salido a cubierta a tomar aire fresco y al entrar de nuevo sintió satisfacción ante el lujo y la grandiosidad de la máquina que la albergaba. Católica devota, había leído en voz alta una oración de origen hebreo que le enseñó una anciana irlandesa. La oración la escuchaba atenta su compañera de camarote, Elizabeth Leather, ya que Violet estaba convencida de que aquella extraña plegaria la protegería del fuego y de agua. Violet estaba a punto de dormirse cuando se produjo la colisión.
“Nos dieron la orden de subir al puente y vi a los pasajeros circulando con calma, sin preocupación”.
Poco después, apoyada en un mamparo junto a otros camareros, observó absorta como las mujeres se despedían sobrecogidas de sus maridos antes de ser embarcadas con sus hijos en los botes de salvamento. Al poco, un oficial le ordenó embarcar también en un bote (el 16) para demostrar a las mujeres reacias que era seguro subir a bordo.
Mientras el bote era largado, un oficial la llamó desde cubierta.

–¡Miss Jessop. Tome...! Y le lanzó un bebé, que recogió sobre el regazo, de milagro…

Su compañera de camarote, Elizabeth Leather, que también había trabajado en el Olympic, dormía tan profundamente cuando se produjo la colisión que no se despertó al instante. Llegó a cubierta justo para embarcar en el bote 16.
Ambas camareras pasaron ocho horas en el mar, heladas y horrorizadas ante el drama del naufragio en el que el frío apagaba una tras otra las voces de socorro que rompían la noche, hasta que se hizo un silencio si cabe aún más sobrecogedor. Las recogió el Carpathia. Violet abrazaba al bebé contra su duro salvavidas de corchos cuando una mujer se lanzó sobre ella, le quitó la criatura y desapareció al instante. Nunca supo quién era aquella madre que ni musitó un gracias.
Violet se retiró a vivir el resto de sus días a una casita de campo ubicada en Great Ashfield, Suffolk. Ahí se dedicaría a criar gallinas, a cuidar su jardín y a rememorar las grandes aventuras que vivió a bordo de las embarcaciones que alguna vez fueron el orgullo de White Star Line. Una noche recibió la llamada telefónica de una mujer. La voz le preguntó si ella era Miss Jessop y si había trabajado como camarera en el malogrado transatlántico.
Con las respuestas afirmativas, la mujer al otro lado de la línea le hizo una última pregunta. Quería saber si en pleno naufragio, había cuidado a un bebé durante toda la madrugada.
Violet le dijo que sí. Le era imposible olvidarlo.
"Bueno, yo soy ese bebé. Muchas gracias", le dijo la voz, y colgó, sin darse a conocer.
Según su relato, jamás había contado esta historia a nadie.

En cuanto al amable Andrews, murió a bordo, y su cuerpo es uno de los que nunca se encontraron.
Una insuficiencia cardiaca congestiva se la llevó en 1971, a la edad de 84 años. Sus restos descansan en tierra bajo una sencilla lápida de piedra en el cementerio de Hartest, Suffolk, al noroeste de Londres. Su epitafio dice: “Violet Constanza Jessop, querida hermana, que murió el 5 de mayo de 1971 a los 84 años, fortalecida por los ritos de la Santa Madre Iglesia. Dulce Jesús, ten piedad de su alma”.

La última melodía interpretada por la orquesta





Wallace Hartley Band, la banda musical del barco, entonó, según los testimonios de los supervivientes, este himno mientras el barco se hundía: Cerca de Ti, Señor.
Es un himno cristiano del siglo XIX. Está basado en el texto del Génesis 28:11-19.
Los versos fueron escritos por la actriz británica Sarah Flower Adams (1805-1848) en 1841 en Inglaterra. Sarah escribía himnos para la Iglesia Unitaria.

Era conocido que el director de la banda, Wallace Hartley, quien se hundió con el barco al igual que todos los músicos, gustaba mucho de esta canción y habia deseado que se interpretara durante su funeral. Como Wallace era británico y metodista, seguramente estaba familiarizado con las versiones del himno "Horbury" y "Propior Deo", siendo esta última la más segura que se interpretó durante el hundimiento:



Cerca de Ti, Señor, quiero morar.
Tu grande y tierno amor, quiero gozar.
Llena mi pobre ser, limpia mi corazón,
hazme Tu Rostro ver en comunión.


Pasos inciertos doy, el sol se va;
mas si contigo estoy, no temo ya.
Himnos de gratitud ferviente cantaré,
y fiel a Ti, Jesús, siempre seré.

Día feliz veré, creyendo en Ti,
en que yo habitaré, cerca de Ti.
Mi voz alabará Tu Dulce Nombre allí,
Y mi alma gozará cerca de Ti.
 





miércoles, 4 de abril de 2012

Gastronomía leonesa en la Semana Santa




La Semana Santa también es un momento de reunión familiar. Días en torno a una mesa donde la gastronomía tiene un peso notable.



Los platos más tradicionales:



 

Potaje de Cuaresma

Ingredientes
 
  500 gr. de garbanzos, 1 manojo de espinacas, 300 gr. de bacalao desmigado, 2 ajos, 1 cebolla
1 cucharada de harina, aceite de oliva virgen extra, laurel, pimentón, sal.

Preparación

Remojar los garbanzos 12 horas . Por la mañana se cuecen con bastante agua, 1 hoja de laurel y 1/2 cebolla. Hacia los 40 minutos de cocción se le agrega el bacalao, previamente desalado, las espinacas troceadas y seguir cociendo.
En una sartén se rehoga el resto de la cebolla muy picada, se añade la cucharada de harina, se remueve y se retira del fuego para añadir el pimentón (si es dulce de la Vera mejor). Se mezcla.
A continuación se añade al guiso y se cuece hasta que los garbanzos estén listos.
Servir caliente.



Aceitunas negras aliñadas

Ingredientes
 
1 lata de aceitunas (a granel son más ricas), cebolletas, pimentón, aceite de oliva virgen extra, sal.

Preparación
 
La cebolleta se trocea muy pequeña. Se añade un chorro de un buen aceite, se agrega media cuchara de café de pimentón (el dulce y un poco picante de la Vera es el mejor), y un poquito de sal.
Se añaden las aceitunas.
En casa añadimos piel de limón. 
Se dejan macerar unas horas al frío.
Se puede acompañar con chicharro escabechado, escabeche de tino" ( chicharros escabechados y en conserva en grandes recipientes que recuerdan a una cuba).
 Un manjar.

 


Limonada leonesa
 
 
Matar judíos

“Matar judíos” es una expresión leonesa que se refiere a la ingesta de limonada y que está muy relacionada con la Semana Santa.
Existen varias teorías sobre cuál es el origen de la expresión, que ha perdurado por tradición oral desde la Edad Media, pero parece evidente que tiene mucho que ver con la enconada relación en la ciudad de León entre cristianos y judíos.
 
En torno a 1320 empiezan a circular en los reinos cristianos historias de judíos que envenenaban el agua y profanaban hostias sagradas, lo que deterioró las ya difíciles relaciones entre ambas confesiones.
Así que, según se cuenta, durante las celebraciones del Viernes Santo los cristianos leoneses bajaban armados a la judería, junto al Barrio Húmedo, para vengarse de los judíos, a quienes responsabilizaban de la muerte de Cristo.
 
Para evitar la sangría, las autoridades permitieron una suave bebida alcohólica —limonada a base de vino tinto rebajado con agua, limón y azúcar— en las tabernas del camino, con la que se emborrachaban y desistían finalmente de sus intenciones.
Se trataba de una medida excepcional, puesto que durante la Pascua se prohibía todo abuso, incluidas las bebidas alcohólicas.
Otra explicación habla de una expresión de 1306, cuando Felipe IV publicó el decreto que supuso la expulsión de los judíos. “Limonada que trasiego, judío que pulverizo” podría ser la expresión original transmitida oralmente y evolucionada a nuestros días como “matar judíos”. 
 
 
 
Ingredientes
 (Para 5 l de limonada, método de prueba y error)
3 l de vino tinto (Vino de León Prieto Picudo)
1/2 l de agua
Zumo de 4 limones
2 palos de canela en rama
100 g azúcar
 
Preparación
1- Echamos el vino en un recipiente o cazuela.
2- Añadimos el agua, el zumo de limón y el azúcar.
3- Añadimos la canela.
4- Tapamos y guardamos en un lugar fresco y dejamos macerar durante un mínimo de 72 horas, removiendo de vez en cuando.
5- Pasado este tiempo probamos para comprobar si hay que añadir más agua, limón o azúcar, al gusto. 
Servimos en una jarra de cristal.


 

Semana Santa leonesa. Procesión de los Pasos. El Encuentro.
Viernes Santo




La tradición en nuestra casa:
Hay que hacer la limonada el jueves anterior al Viernes de Dolores, se prueba el Domingo de Ramos y se toma el Viernes Santo al finalizar la "Procesión de los Pasos" de León.

 

Torrijas

 
Ingredientes

Una barra de pan del día anterior (especial torrijas, rústica, campesina o similar)
1 litro de leche
1 canela en rama
1 corteza de limón
5 o 6 cucharadas grandes de azúcar
2 huevos para rebozar
azúcar y canela molida
aceite de oliva para freír

 
Preparación

1- Ponemos a cocer la leche con la rama de canela, la corteza de limón y el azúcar hasta que ésta se disuelva bien y la leche esté caliente sin llegar a hervir.
2- Cortamos la barra de pan en rodajas más o menos gruesas.
3- Empapamos bien las rebanadas de pan en leche y las dejamos reposar hasta que estén perfectamente empapadas.
4- Escurrimos el sobrante de leche de cada torrija y las pasamos por huevo batido.
5- Las freimos en abundante aceite caliente hasta que estén doradas.
6- Las sacamos, las ponemos en una fuente con papel absorbente y las espolvoreamos con azúcar mezclada con canela molida.
 Para los más golosos se pueden cubrir con miel.




Sangrecilla encebollada
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